Retratos para él
Hay momentos en los que una persona deja de pensar en la cámara.
No porque desaparezca, sino porque deja de ser importante.
Este retrato nace ahí.
En los primeros segundos de quietud, cuando la atención se desplaza y el cuerpo encuentra su sitio. En una mirada que no se sostiene para gustar, sino porque está.
Los primeros planos permiten ver lo que suele pasar desapercibido.
Un gesto que se repite, una manera concreta de mover las manos, una expresión que aparece cuando ya no se está intentando nada.
Con el tiempo, estas imágenes no hablan tanto de cómo era alguien, sino de cómo estaba en ese momento.
Y eso, a veces, es suficiente para reconocerse.
Cuando alguien se reconoce en una imagen, no necesita explicaciones.
