La magia de la infancia para siempre




La magia de la infancia
Empieza con un movimiento.
Un salto, un giro, una idea que aparece sin previo aviso. El cuerpo actúa y la escena se pone en marcha. Todo sucede rápido.
El niño prueba, avanza, cambia. Las manos inventan, la expresión se transforma, el juego toma forma y se deshace al instante. Cada gesto empuja al siguiente. Nada se detiene.
Hay algo que guía la acción. No se ve, pero está ahí. Un hilo invisible que da sentido al caos, que mantiene la atención, que convierte el juego en historia.
De pronto, todo baja el ritmo.
El movimiento se cierra. El instante queda suspendido. La escena se apaga con suavidad, dejando una sensación clara: aquí ha pasado algo.
La infancia es así.
Breve. Intensa. Imposible de repetir.
La fotografía recoge ese resto de luz y lo convierte en memoria.
