Experimentación a través del juego

Todo lo toco, todo lo pruebo… y así lo aprendo.
La infancia está hecha de ensayo y error: tocar, observar, repetir, aburrirse un momento y volver a empezar. Cuando un niño juega, no “se entretiene”: investiga. Y en esa investigación aparecen la curiosidad, la confianza y la relación con quien lo acompaña.
En una sesión infantil me interesa precisamente eso: no el resultado perfecto, sino el proceso. El gesto que aparece sin avisar, la mirada que se pierde, una ocurrencia, una pausa. Lo que pasa cuando hay tiempo y un espacio tranquilo.
A veces el juego surge con una cesta, una tela, una silla pequeña o un objeto cotidiano. Otras veces aparece en silencio, en una mirada o en un movimiento repetido mil veces. La experimentación no necesita grandes estímulos: necesita permiso y presencia.
Por eso trabajo proponiendo pequeñas situaciones de juego y dejando que el niño marque el ritmo. Cuando se siente cómodo, la fotografía llega sola.
Y entonces… lo aprendo.

Y entonces… lo aprendo.
En las sesiones en estudio, el juego y la interacción ayudan a que los niños se relajen y se muestren con libertad, incluso cuando no les apetece “ponerse para la foto”.
Si quieres ver cómo es mi enfoque y cómo son las sesiones, puedes ir a la página de fotografía infantil
