Hay una edad en la que cualquier postura puede convertirse en un descubrimiento.
Estás mirando al bebé, le dices algo, te acercas un poquito y, de repente, se echa hacia atrás para verte del revés.
Y se queda tan contento.
Tú, mientras tanto, intentando averiguar qué tiene de interesante el techo.

Hay mucho que mirar
Durante los primeros meses todo es nuevo.
Las manos. Los pies. Una sombra en la pared. El ruido que hace un papel cuando alguien lo arruga.
Y las caras.
Sobre todo las caras.
Al principio las observa. Después empieza a reconocerlas. Más adelante descubre que puede provocar una reacción.
Hace un ruido.
Tú contestas.
Lo repite.
Y ya tenéis conversación para un buen rato.
Me encanta fotografiar esas pequeñas investigaciones. La concentración con la que un bebé observa algo tan sencillo como sus propios dedos puede ser bastante más interesante que cualquier cosa que yo tenga preparada.
A veces, lo mejor sucede alrededor
Mientras el bebé está ocupado descubriendo el mundo, pasan otras cosas.
Alguien se agacha para verlo mejor.
Una hermana se acerca y consigue hacerle reír.
El abuelo repite por quinta vez el mismo sonido porque, por alguna razón, es el único que funciona.
Y mamá acaba riéndose también.
Hay fotografías en las que el protagonista es el bebé. Su mirada, sus gestos, esa forma tan seria de estudiar algo que acaba de descubrir.
En otras, lo interesante está en lo que provoca a su alrededor.
Por eso, cuando fotografío a un bebé, también observo a las personas que están con él.
La perspectiva cambia
Un día descubre que puede girarse.
Otro consigue mantenerse sentado.
Después empieza a desplazarse por el suelo y aparecen nuevas posibilidades.
También para mí.
Ahora puedo fotografiarlo desde arriba mientras juega, a su altura cuando intenta levantarse o desde el otro extremo de la habitación mientras se dirige hacia alguien.
Y a veces me toca acabar en el suelo.
Es parte del trabajo.
Lo curioso es que cada nueva habilidad transforma también las relaciones. Aparecen otros juegos, otras maneras de acercarse, nuevas expresiones.
Todo va cambiando.
Fotografiar lo que está pasando ahora
Cuando miro fotografías antiguas de bebés, muchas veces me llaman la atención detalles que en su momento parecían insignificantes.
La manera de colocar una mano.
Un gesto que repetían muchísimo.
La expresión que ponían al escuchar una voz conocida.
Son cosas pequeñas. Y precisamente por eso me gusta prestarles atención.
En mis sesiones de fotografía de bebés en Barcelona observo esos descubrimientos, las expresiones y los movimientos propios de cada edad.
Y cuando la historia está en lo que sucede entre todos, mi fotografía de familia sigue esa misma manera de mirar: personas que juegan, se acercan, se buscan y comparten tiempo.
Porque a veces basta con cambiar de perspectiva.
Incluso ponerse boca abajo.
Aunque, visto desde el suelo, quizá los bebés llevan ventaja.
