Celebrar cumpleaños… o empezar a descumplir

Celebrar cumpleaños… o empezar a descumplir
Hay un momento en la vida en el que uno empieza a sospechar que cumplir años quizá no era el único sistema posible.
Después de observar el paso del tiempo con cierta atención, he decidido introducir una pequeña modificación en el método.
Empieza oficialmente mi plan de descumplir años.
Así que este año, en lugar de seguir sumando, volvemos tranquilamente a contar 58.
En realidad celebramos 1.
Mi primer descumpleaños.
A partir de ahora el contador funciona al revés.
58…
57…
56…
Hasta volver a los 18, que es una edad estupenda para conservar el carnet de conducir sin debates innecesarios.
La fiesta
Todo descumpleaños merece una fiesta.
Habrá gente.
Habrá risas.
Habrá alguien recordando historias que probablemente sería mejor dejar tranquilas.
Como en cualquier cumpleaños que se respete.
La gran celebración llegará más adelante, cuando toque organizar algo realmente memorable: los 100 años.
Las invitaciones saldrán con tiempo suficiente para reservar agenda.
Etiqueta: traje de noche.
Lugar: pendiente de confirmar según previsión meteorológica.
Las celebraciones tienen algo especial: reúnen a la gente importante en un mismo lugar durante unas horas.
Cumpleaños, encuentros familiares, reuniones con amigos que terminan convirtiéndose en pequeñas historias.
Algunas de esas historias forman parte de los reportajes de celebraciones.
Momentos que suceden una sola vez y que, con el paso del tiempo, terminan teniendo un valor inesperado.
La tribu
Los cumpleaños tienen algo curioso.
Son una excusa perfecta para reunir a la tribu.
Familia de origen.
Familia elegida.
Amigos que llevan tantos años cerca que ya forman parte de la misma historia.
Personas que llegan.
Personas que se quedan.
Con el tiempo esas reuniones se convierten en memoria.
Y cada vez más gente decide guardar algunos cumpleaños de una forma distinta: con una sesión de fotos de cumpleaños.
No tanto por la fotografía en sí, sino por el momento que representa.
La familia que crece
Las celebraciones cambian con los años.
Aparecen parejas.
Aparecen niños.
Aparecen nuevas versiones de la misma familia.
Una tribu que se amplía.
A veces la familia llega de nacimiento.
Otras veces se construye con el tiempo.
Personas que eliges.
En algún momento alguien propone hacer una foto juntos.
Una de esas imágenes que, con los años, termina formando parte de la historia familiar.
Algo parecido a lo que ocurre en las sesiones de fotografía de familia.
Un retrato en medio del ruido
Hay celebraciones que piden otra cosa.
Menos gente.
Menos ruido.
Solo un retrato.
Una fotografía que capture quién eres en este momento de la vida.
Con las historias que llevas encima.
Con la mirada que tienes ahora.
Algo parecido a lo que ocurre cuando alguien decide hacerse un retrato fotográfico.
Una pausa breve en medio del ruido.
El tiempo
Al final el tiempo sigue su curso.
Los cumpleaños llegan.
Las familias cambian.
Las historias continúan.
Y un día te encuentras mirando una fotografía de hace años.
Una mesa llena de gente.
Una risa.
Una celebración.
Entonces entiendes que aquellas imágenes no guardaban solo un momento.
Guardaban una parte de la vida.
A veces esas fotografías terminan reuniéndose en un álbum.
Un lugar donde las historias se quedan a vivir un poco más de tiempo.
Algunas de esas historias terminan tomando forma en un álbum de fotos personalizado.
Un objeto sencillo que, con los años, se convierte en memoria.

